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Oct
29
2008

Un Tren hacia la Felicidad

RINCÓN DE LENGUA       

UN TREN HACIA LA FELICIDAD

Esta es la historia de una adolescente que vive en una gran mansión, en una gran ciudad y en un barrio de clase social alta.

La familia es algo peculiar, la componen un humilde padre, pues es albañil, una madre universitaria con dos carreras que trabaja en una multinacional en el equipo de dirección y Naiala una adolescente bastante estudiosa aunque un poco caprichosa. Ella quiere mucho a sus abuelos maternos aunque estos viven a más de 200 km de su ciudad y todos los años durante las vacaciones iba a verlos aunque últimamente esta costumbre se ha relajado un poco, quizás por sus exámenes o por el poco tiempo de que dispone su ocupada madre.

Un día su madre le propuso ir a visitar a los abuelos y Naiala contaba los días, los minutos y los segundos que faltaban para el encuentro. Llegó el día tan esperado por ella, iba a verlos por fin aunque no sabia que ese viaje le marcaría para toda su vida.

Naiala bajó las maletas al recibidor. Esperando al chofer, al ver que tardaba (pues siempre era muy puntual) avisó a sus padres.

Ellos le dijeron que se había puesto enfermo en el último momento. Naiala se puso a llorar desconsoladamente porque no podía hacer nada. Muy nerviosa recorría el pasillo de la gran mansión de punta a punta, hasta que de repente encontró la solución. Volvió a llamar a sus padres y muy decidida les dijo: “Mario está enfermo ¡pobre hombre! tú, mamá siempre estás trabajando ¡quieres que no me falte de nada! , papá se ocupa como siempre en sus cosas ¡yo quiero que siga siendo feliz! pero os olvidáis de una cosa, que vuestra hija ha crecido y que puede viajar sola. Quiero pediros esta oportunidad.

A ellos les pareció razonable y la llevaron a la estación para coger un tren sin saber que iba a cambiar su vida completamente…

Naiala subió al tren y se sentó al lado de un hombre alto, delgado y huesudo que olía a campo. Después observó a todo el mundo que estaba en el compartimento hasta que paró su mirada fijamente en un chico que le llamó mucho la atención. Tendría el muchacho unos 18 años. Era alto de piel morena y unos ojos azules preciosos. También el joven se la quedó mirando y Naiala  se sonrojó.

Apenas habían transcurrido tres cuartos de hora de viaje cuando el hombre que olía a campo hizo intentos de salir al pasillo. Fueron unos instantes que a Naiala le parecieron eternos; después el campesino se  decidió y salió al pasillo. El joven con los ojos azules aprovechó y se sentó al lado de la chica mientras ella bajaba los ojos y se alegraba por dentro.

Naiala estaba nerviosa porque su pasado con los chicos no había sido muy afortunado y este era demasiado guapo. Sin saber como empezaron a hablar y el camino se les quedó en nada. Habían recorrido 200 km en un tiempo que para la chica fue como un suspiro. Al salir del tren él se la quedó mirando y sonriendo sin decir nada. Le hizo un leve gesto con la mano de adiós y tomó su maleta. Apenas había recorrido el chico tres pasos cuando Naiala se repitió que era lo mismo de siempre. Pero, de repente, él la llamó por su nombre. Le extendió una libretita, le rogó que le diera su teléfono y se marchó.

Veinte minutos después Naiala llamaba a la puerta de sus abuelos. Iba como en una nube y apenas percibió la gran ilusión con que ellos la recibieron. ¡El chico del tren no salía de su cabeza! se acomodó con la familia y empezó a salir con sus amigos de siempre.

Una noche bajó toda la pandilla a las fiestas de la ciudad y ese día había sido realmente afortunado porque también la había llamado el extraño acompañante  del tren invitándola a salir con él a lo que ella aceptó.

Naiala estaba muy guapa, aunque  nerviosa.

Llegó al lugar acordado y allí estaba él con sus vaqueros, su camisa y sobre todo con aquella sonrisa que tanto la había cautivado. Pasaron toda la fiesta juntos, hasta que llegó la hora de irse. Él la acompañó hasta la puerta de la casa de sus abuelos y allí dulce y suavemente se inclinó y le dio un beso.

Quedaron al día siguiente y al otro, así un día tras otro hasta que llegó el momento de separarse, cada uno debía regresar a casa con su familia. Cuando fueron a despedirse, él le preguntó dónde vivía. Ella un poco avergonzada respondió, pues veía al chico bastante humilde como para encajar en su perfecta familia. Aunque lo cierto es que le recordaba a su padre.

Él vivía en el extrarradio de la misma ciudad y aunque cuando oyó dónde vivía la chica se echó para atrás.

Todos los días tenían necesidad de hablarse o de verse por lo que esto se convirtió en una costumbre en pocas semanas, como no podían verse pasaban largas horas detrás de un teléfono cómplice de su amor. Así iba pasando el tiempo hasta que un día cuando estaban hablando él le dijo: “cuenta la estrellas del firmamento y sabrás todo lo que te quiero”.

Ella se acercó a la ventana y allí estaba él, Jose, el chico del tren, tan impresionante como siempre, o al menos lo que Naiala recordaba. No tuvo tiempo de reaccionar, salió corriendo con lágrimas en los ojos  se abrazó a él, ninguno de los dos supo cuanto tiempo duró este abrazo pero iba a ser el comienzo de su historia juntos.

A partir de este día empezaron a verse de continuo hasta que Naiala decidió presentarlo a la familia.

Todo iba bien, hasta que la madre de Naiala le preguntó a que se dedicaba. El chico contestó que era albañil, lo que contrarió enormemente a su madre, hasta el punto que lo que quedaba de velada estuvo de malhumor. El padre por el contrario, le aceptó con una irónica sonrisa, recordándole una pequeña parte de su pasado.

Mucho habían cambiado los tiempos para su mujer porque cuando él se casó con ella creyó entender que “a una persona no se la quiere por su dinero, sino por como es”. Cuando terminaron de cenar Naiala se dirigió a su madre diciéndola que estaba enamorada de Jose y que no podría hacer nada por impedir que fuera su novio.

Estas mismas palabras la había repetido su madre 18 años antes en una conversación similar con su abuela.

No obstante, la madre nunca dio claramente su consentimiento pero no hubo protesta alguna de que Naiala viviera feliz con Jose, aquel chico del tren que conoció yendo a casa de sus abuelos.

ESTELA RODRÍGUEZ

Written by Ana in: Rincón de Lengua | Tags:

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