Un Deseo en Navidad. Un Sueño Hecho Realidad
RINCÓN DE LENGUA
UN DESEO EN NAVIDAD, UN SUEÑO HECHO REALIDAD.
Un relato que contar, un sueño hecho realidad. Antes de empezar a hablar de la protagonista de esta historia, quiero que sepan que Summer tenía un sueño. Un sueño que ella misma ya había asumido que nunca se haría realidad. Un sueño que era prácticamente imposible que llegara a ser real. Aunque ella estaba intentando realizar eso que tanto deseaba…
Summer era una chica de 16 años con ojos marrones claros; rasgados, la verdad que muy bonitos, sobre todo cuando la luz llegaba a sus ojos y le daban un brillo especial, un pequeño destello de alegría. Era delgada, y en cuanto a su pelo, bueno, su pelo era castaño claro y largo, no podría decir si en verdad era liso u ondulado, porque cada día lo llevaba de una forma diferente. Medía aproximadamente 1.65 cm. Era alegre, divertida, muy sociable, un poco loca, buena chica…en definitiva, la amiga perfecta con la que estar todo el tiempo.
Aunque la amiga perfecta que pensaban, no siempre era perfecta, no siempre sentía la cara que tenía. Ella sonreía mientras por dentro lloraba.
Siempre alojaba un pensamiento en su mente, su sueño. ¿Cómo sería su vida sin vivir donde siempre había vivido? ¿Cómo sería empezar una vida nueva? Empezar de cero, sin conocer a nadie, otra familia distinta, nuevos amigos, nuevo ambiente.
Ella ya llevaba unos años intentando hacer su sueño realidad. Había ahorrado todo el dinero que la daban por sus cumpleaños, por la navidad, por los reyes, las pagas… había estado buscando un sitio donde poder alojarse mientras estuviera en su nueva ciudad: Londres, ese era su destino. Es lo que siempre había querido.
Un día recibió un e-mail. Éste cambió su vida por completo.
Por fin, había encontrado lo que tanto había estado buscando, una casa nueva, un colegio nuevo, una vida nueva. Este e-mail decía que ya tenía familia en Londres y que tendría unos nuevos tutores.
Lo recibió tan solo a tres días de que llegara la navidad.
Summer odiaba la navidad. Arbolitos, lucecitas, gente sonriendo, villancicos, felicidad… odiaba todo aquello porque en realidad, ella no se sentía para nada feliz en aquel lugar.
Por eso en cuanto recibió el email, no se lo pensó dos veces y fue corriendo a hacer las maletas. Nadie sabía nada de su partida, nadie sabía que aquel día era posiblemente el último día que la verían.
Entonces se acordó de sus padres, escribió una carta en la que les explicaba todo lo que había hecho durante esos últimos años, su plan, sus sentimientos, les dio gracias por todo lo que hicieron por ella. La dejó encima de la cama y se marchó al aeropuerto sin ser vista.
Estaba triste y feliz a la vez. Por fin iba a hacer su sueño realidad… pero aun así, no paraba de pensar en todo lo que dejaba atrás. Sin darse cuenta, ya subía al avión y sin quererlo se le iban cayendo las lágrimas. Mientras volaban en el aire se dio cuenta de que habría sido mejor pensarse más aquella decisión que cambiaría su vida por completo y para siempre…
Finalmente se durmió por no pensar en todo lo que dejaba atrás.
Cuando llegó a su destino, bajó y empezó a mirar nerviosa hacia todos los lados buscando a su nueva familia, pero allí no vio a nadie. Se sentó a esperar y pasada media hora los vio llegar.
Su corazón latía con más fuerza a cada paso que se acercaban, lo más difícil ya había pasado, estaba en Londres ¿no?
No podía evitar esbozar una amplia sonrisa mientras que abrazaba a sus nuevos tutores.
La llevaron a su nueva casa y allí conoció a la chica que ella aún no lo sabía, pero sería con la que compartiría, a partir de ahora, toda su vida.
Se llamaba Ania, era rubia de ojos verdes azulados, con pecas y delgada, parecía una chica muy simpática y sociable. Las dos se quedaron mirando fijamente con cierta timidez, para pasar sin ninguna cavilación, a las risas. Esa complicidad, simplemente con eso, ya eran amigas, como si se conocieran de toda la vida.
Pasaron dos días y Summer estaba más feliz que nunca, tenía a Anie, que ya se consideraban prácticamente como hermanas y lo mejor de todo es que ya tenía amigos, colegio, y se había adaptado a Londres antes de lo que ella esperaba.
Ella no lo sabía pero su nueva familia la tenía preparada una sorpresa.
Habían planeado darle una sorpresa a Summer llevándola a una fiesta que se celebraba en una gran mansión. Era una fiesta de Navidad.
La pusieron guapa y la vendaron los ojos mientras la metían en el coche. Summer, impaciente, no paraba de preguntar a donde iban, estaba muy nerviosa.
La bajaron del coche y la llevaron a la puerta principal de la mansión. Mientras entraban, le quitaron la venda… ¡Summer no podía creerse lo que estaba viendo! ¡Era una fiesta de Navidad! Gente bailando feliz, la música alta, risas…
Entre risas y juegos comenzó a bailar con Anie, cuando de repente vio a un chico pasar, se quedaron mirando fijamente, y ensimismados no podían parar de mirarse, era una mirada extraña, decía mucho tan solo mirándole, hasta que él le sonrió y entonces, para su desgracia, alguien le empujo y perdió al chico de vista, ya no se encontraba donde había estado segundos antes mirándole con esos ojos azules. Se había esfumado sin más.
No sabía porque, pero lo que más deseaba en su interior, lo que más deseaba en aquel momento, era volver a ver a aquel chico pecoso que no podía quitarse de la cabeza.
De todos modos, transcurrió la fiesta y Summer se lo pasó mejor que nunca.
Cuando llegó a su nueva casa, antes de acostarse, recordó de nuevo a aquel chico rubio, aquella mirada, aquellos ojos… él sería su deseo de navidad. Lo necesitaba. Entre pensamientos e imaginaciones, finalmente se durmió.
A la mañana siguiente, se levantó con una sonrisa en la cara, ¡Los regalos! Salió corriendo al pasillo y vio que Anie había hecho lo mismo, se miraron nerviosas y se empezaron a reír mientras hacían una carrera hacia el árbol de navidad. Había un montón de cosas, un montón de regalos. Pero Summer en aquel momento se acordó de aquel deseo de Navidad que había pedido el día anterior entrada ya la noche… y esbozando una sonrisa falsa y dando las gracias a su familia, subió a su cuarto, se duchó, se vistió y salió a la calle.
Ella no se esperaba nada. Nada más cerrar la puerta, Summer se giró, y para su sorpresa, en la acera de enfrente, estaba él. La cosa más bonita que podían ver sus ojos… su deseo de navidad. ¿Cómo había llegado allí? ¿Cómo la había encontrado?… ¿Acaso eso importaba? No, definitivamente no. Se volvieron a mirar como en la fiesta, se fueron acercando poco a poco y Summer sin palabras y llena de emoción le beso. Para los dos fue muy bonito.
Al día siguiente por la noche se volvieron a ver, ya que decidieron salir juntos y Summer terminó viviendo en Londres para siempre.
Este fue el deseo de navidad de summer, que no creía en la navidad y fueron y estas las mejores de su vida…
CHONY GARRIDO
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