Videos-poesias Tutoria Consejos Convivencia Rincon de Lengua
Imprime la entrada Imprime la entrada
Nov
08
2008

La Historia Sin Fin

RINCÓN DE LENGUA

 

LA HISTORIA SIN FIN

 

Esta es una historia que pasa de generación en generación, esperando a no caer nunca en el olvido, porque es una historia demasiado bonita para no ser contada…

 

La niebla y la oscuridad dominaban todo el valle. Un silencio escalofriante, que podría estremecer de terror al más valiente, se extendía. De repente, en medio de la oscuridad, una luz muy brillante apareció sin aviso. La brillante luz se iba abriendo paso entre la maleza del valle, dejando tras sí un rastro de polvo brillante, que iba desapareciendo al ras del suelo. Sin previo aviso, esa brillante y hermosa luz fue adquiriendo forma. Al principio no estaba claro que aspecto llegaría a adquirir, pero unos segundos después hubo un gran estallido de luz, que iluminó todo el valle, matando así la oscuridad que reinaba, pero poco después esa explosión de luz murió y la oscuridad volvió.

 

Aunque la oscuridad fuera muy fuerte y la niebla muy densa perfectamente se podía distinguir una figura humana de rasgos afeminados, parada y casi sin respirar. Parecía confusa y desconcertada, como si lo que estuviera viendo en aquellos momentos fuese totalmente nuevo para ella. Se agachó unos instantes y empezó a acariciar la salvaje hierba, pero rápida como una liebre cuando huye de su caza, empezó a correr despavorida y sin rumbo. El corazón se le salía del pecho, sus ojos cansados buscaban una sola mancha de claridad que le ayudara a salir de allí.

Pero no tuvo suerte ninguna, la joven corría y corría y la esperanza de salir de allí era cada vez más pequeña.

Pero sin saber como de repente se encontró en un caminito de arena, se paró un instante, palpo el suelo y otra vez echó a correr.

La oscuridad iba desapareciendo contra más corría. Las siluetas de los árboles se iban marcando cada vez más y de repente una impactante manada de luz cegó a la chica, haciéndola tropezar y estamparse contra el suelo.

Pasaron las varias horas y la joven no despertaba… Ya se había perdido toda esperanza.

 

 

CAPITULO PRIMERO:

 

El sol penetraba por la ventana, descubriendo con sus tenues rayos el rostro de un muchacho. Instantes después una voz misteriosa retumbó en toda la habitación, despertando al niño sobre saltadamente

 

-Despierta, despierta… ya es la hora… Debes entrar- El joven se quedó aterrorizado, por más que observaba su habitación en busca del causante de la misteriosa voz, no consiguió ver nada. Se armó de valor y de un salto salió de la cama, apresurado empezó a buscar al causante por debajo de la cama y por todos los armarios del cuarto, pero no encontró nada ni siquiera un indicio de que alguien hubiera estado allí.

El joven ya pensaba habérselo imaginado.

Echando un último vistazo, se giró y dando dos grandes zancadas subió apresuradamente la persiana iluminando así toda la habitación, ahora si se podía distinguir a la perfección los rasgos del niño: era de piel clara, con bastantes pecas por toda la cara, pelo corto y liso de color anaranjado, sus ojos verdes recorrían curiosos toda la habitación.

 

- “Debo de haberlo soñado… si es eso, debo dejar de ver películas de terror a altas horas de la noche”- se dijo el niño para sí y haciéndose una engañosa mueca de alivio, salió del cuarto a paso acelerado.

 

Bajó las escaleras despacio para no tropezar con alguno de los juguetes que había tirados. Entró en la cocina, se acercó a la nevera y leyó la nota que le había dejado su madre:

“Eric soy Mari, no te asustes al no encontrarme por la casa, es que he salido a comprar y luego me pasaré por la oficina a recoger unos papeles que necesito para la reunión de esta noche. Tienes el desayuno en la nevera. No llegues tarde al colegio. Muchos besos”

 

Eric, aun un poco asustado por lo ocurrido anteriormente, dejó la nota encima de encimera y se dispuso a coger su desayuno de la nevera, compuesto por un par de tortitas bañadas en sirope de chocolate. Cuando terminó de desayunar, subió a su dormitorio y con el corazón en un puño abrió veloz su armario y cogió su ropa. Cuando ya la tenía salió del cuarto y fue directo al baño, donde instantes después de cerrar la puerta empezaría a asearse como cada mañana.

El reloj marcaba las nueve y corriendo Eric bajó las escaleras, esquivando ágilmente un par de coches de juguete.

Por fin salió corriendo de la casa, ya que el terror recorría su cuerpo desde lo ocurrido por la mañana.

 

- ¡Eric! ¡Eric! Corre tío que llegamos tarde a clase, y además nos toca a primera hora con el señor Gramp- dijo una voz acelerada.

 

-¿Tomas, eres tú? ¿Y por qué te escondes detrás de esos arbustos?- salto el muchacho extrañado.

 

-O perdón pensé en asustarte cuando salieras de casa, pero luego mire el reloj y me asuste yo, jajá- contestó Tomás. Era un niño de unos 13 años, delgado y algo ancho de hombros lo que le daba un toque atractivo y fortachón, salió de entre los arbustos. Bestia con pantalones anchos, camiseta blanca y sudadera marrón.

 

-¿Bueno qué, nos vamos ya tío? – Tomás se quedó observando a Eric y le preguntó – Oye ¿qué te pasa? Te veo como… no se preocupado… Ummm ¿Tu madre te ha reñido o algo?- preguntó

 

- No nada tío, venga vayamos al colegio, que no quiero llegar tarde- dijo Eric

 

-Ya claro, y yo me tengo que creer eso ¿No? venga cuenta- respondió

 

-Vale te lo contaré, pero me vas a tomar por un loco-contestó bruscamente Eric

 

El niño se quedó pensativo unos instantes, echó a un lado su mochila y se sentó en el frió suelo; instantes después comenzó a contar lo ocurrido.

 

-¡¿Qué?! Me tomas el pelo tío; parece sacado…

 

- Si, de una película de miedo, lo sé- corto Eric a su amigo.

 

-¿Y si te lo has imaginado?- Comentó el muchacho con una expresión de pánico en el rostro.

 

- ¡No, yo sé muy bien lo que oí!; no me lo invento, en serio- dijo Eric muy convencido.

 

- O.k., vale te creo, te creo, ¡Pero será mejor que vallamos al colegio, en serio! Por la tarde podemos ir a tu casa y ver lo que a pasa ¿Vale?- dijo Tomás, con un tono tranquilo para que su amigo no se alterara más de lo que estaba.

 

- Vale. Vámonos- contestó.

 

Los niños se pusieron en pie y echaron a andar rumbo al colegio. Corriendo subieron las escaleras que se comunicaban con la clase de historia, y abrieron la puerta; pero… La clase estaba vacía, totalmente vacía. De repente un gran agujero negro apareció en el suelo, y arrastraba hacia él, todo ser u objeto que estuviera cerca.

Empezaron a notar como la fuerza del agujero negro les arrastraba hacia el centro, y agarrándose con todas sus fuerzas a al marco de la puerta pero fue imposible soportar tan tremenda fuerza y fueron engullidos por él.

 

 

CAPITULO SEGUNDO:

 

Cuando abrieron los ojos, lo único que veían era oscuridad, una triste y fría oscuridad. Los jóvenes se fueron levantando lentamente, les dolía todos y cada uno de sus huesos del cuerpo, pero aun así se incorporaron. Todo estaba oscuro, un terrorífico escalofrió recorrió lentamente todo su cuerpo, dejándolos helados; los muchachos se dieron la vuelta instintivamente. ¡Estaban rodeados!.. Una gran manada de minutaros, les observaban atentamente haciendo un circulo. Uno de los seres se dirigió hacia ellos y les pregunto:

- ¡¿Quiénes sois vosotros?! ¿Y qué hacéis husmeando por nuestras tierras?- dijo uno de los minotauros

Los muchachos se miraron mutuamente sorprendidos y se susurraron al oído:

-¿Has visto lo mismo que yo?- dijo Tomás

- ¡Si, lo he visto no soy tonto!- recalcó muy alterado.

-¡Qué murmuráis!- dijo el ser alzando la voz.

- No, nada…señor…ehh, no es nuestra intención molestarles y…

-No sabemos cómo hemos llegado aquí, fuimos engullidos por un agujero gigantesco y cuando nos despertemos, estábamos en este lugar- añadió interrumpiendo Tomás a Eric.

- Si eso- confirmó el otro muchacho.

- Umm… No, pensé que esto sucediera tan pronto… Venid con nosotros- dijo bajando el tono, y cambiándolo a uno más amable y atento.

 

Los minotauros comenzaron a andar dirección oeste y los chiquillos fueron tras ellos. No tenían ni idea de a donde les llevaban pero tenían la sensación de que con ellos estaban seguros. Andaban y andaban, tenían los pies destrozados pero sabían que la mejor opción era seguir andando y no quejarse. Llegaron a un estrecho y tenebroso desfiladero, miedosos lo miraban de arriba abajo y fue entonces cuando uno de los minotauros les señaló con una mano que tenían que entrar.

 

- Nosotros, ya no podemos seguir más, debéis seguir solos- Dijo el minotauro y prosiguió – Cuando lleguéis al final del desfiladero, os encontrareis con un par de guardias del bosque, decirles que vais de parte de Minús. El jefe del clan de los minotauros.

Los muchachos se miraron, les miraron y tragando saliva se introdujeron en el interior del desfiladero. Parecía infinito y el olor no era agradable ya que olía bastante mal. Mil ojos atentos observaban sus movimientos, esperando a que dieran un paso en falso para poder atacarlos. Un leve ruido pero agudo capto su atención.

 

- ¿Qué ha sido eso?- dijo Tomás dándose la vuelta.

-No sé – dijo con voz temblorosa – ¿Por qué no se lo preguntas a ella?

Tomás se giró lentamente y su cara se iba descomponiendo por segundos. Una grandiosa araña gigante estaba plantada delante de ella mirándolos con sus miles de ojos.

 

-Corre- dijo en voz baja -¡Corre!- gritó Eric. Los niños empezaron a correr.

-No Tomás no retrocedas, pondríamos la vida de los demás en peligro ¡Tenemos que plantarle cara a esta maldita araña!- grito Eric, con mucha seguridad en sus palabras.

-Sí, estoy contigo amigo, ¡vamos a por ella! Se arrepentirá de habernos plantado cara.

Dos rayos de luz negros colisionaron contra ellos, una polvareda enorme cubrió todo el desfiladero. Cuando el polvo se despejó los dos muchachos estaban cubiertos por una armadura y tenían en sus manos dos grandes espadas.

 

- Vamos, estamos listos- dijo Eric.

Los jóvenes plantaron valientemente cara a la araña, tras varias horas de lucha, por fin derrotaron a la araña. Los muchachos siguieron su camino.

Por fin llegaron al final del desfiladero y tal como dijo Minús, les estarían esperando dos guardias.

-Hola, os estábamos esperando, muchachos- dijo seriamente uno de los guardias- Ahora os abriremos las puertas, de la entrada al bosque, buena suerte.-

Eric y Tomás amarraron fuerte sus espadas y entraron al bosque

 

 

CAPÍTULO TERCERO

 

Todo era oscuro y además más bien donde se encontraban no era un bosque si no un valle. Cada vez respiraban más fuerte y su corazón latía cada vez más deprisa. Sus pensamientos se volvían impuros y violentos. Cada vez más tenían la necesidad de matar, si exacto, ese valle estaba maldito, ya que se había creado gracias a la maldad de la gente, y cuando estabas allí más de dos segundos tus pensamientos buenos morían y empezabas a desvanecerte poco a poco en la sombra. Sin saber el porqué empezaron a pelear entre ellos, sentían la necesidad de demostrar quién era el más fuerte de los dos.

-No creas que vas a poder conmigo- dijo Eric.

-Ya claro, vas tú listo, si piensas que me dejaré vencer, y sobre todo por ti- contestó Tomás.

Pasaban las horas y ninguno de los dos se daba por vencido. Entonces un fuerte estallido de luz que les cegó por unos minutos. Cuando desapareció la luz volvieron a recuperar la vista.

A lo lejos vieron una figura femenina, los dos se miraron y con una mueca maliciosa en su rostro fueron a por ella.

La joven corría y corría, pero parecía perdida y desorientada, no encontraba ninguna salida pero sin saber cómo encontró un camino de arena.

Los muchachos la perseguían. De repente pararon en seco, ya que pequeños rayos de luz empezaban a verse. Una estampida de luz les cegó y les hizo perder el conocimiento.

 

La luz reinaba todo el valle, se podían ver verdes prados, grandes lagos llenos de agua cristalina y animales míticos paseando tranquilos por los prados. Pero algo no concordaba con el paisaje, tres cuerpos inertes yacían en el suelo, o eso parecía. Poco a poco fueron volviendo a recuperar la consciencia. Se levantaron poco a poco. Los primeros en levantarse fueron los dos muchachos y ayudaron a la joven a levantarse, los chicos se miraron y antes de que Eric pudiese decir nada, Tomás se adelantó y dijo:

-No digas nada, yo también lo siento-dijo

La joven les miró atentamente y dijo:

-No sé el porqué pero, siento que nos queda un largo camino juntos.

 

Los tres jóvenes miraban a su alrededor intrigados, ya que ahora estaban en el lugar más bonito de la tierra. Algo en el ambiente as daba fuerzas para continuar y también para descubrir el por qué de estar allí…

 

Pero bueno ya es tarde y la historia os contaré en otro momento…

 

CRISTINA JUZGADO

Written by Ana in: Rincón de Lengua | Tags:

No hay comentarios »

RSS feed for comments on this post. TrackBack URL

Deja un comentario

Powered by WP Hashcash

WordPress | IES Barrio de Bilbao PCPI, C/ Villaescusa s/n, Madrid, Telf: 91 304 10 18

Valid XHTML 1.0 Transitional CSS Valido