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Nov
09
2008

El Hombre Invisible

RINCÓN DE LENGUA

 

EL HOMBRE INVISIBLE

 

 

Había una vez dos niños. Ellos vivían en Medellín con sus padres. Su padre era tan malo que por cada cosa que hacían mal les pegaba con un palo. Estaban tan cansados de estar aguantándolo y se fueron. Ellos cruzaron mares hasta llegar a Nueva Zelanda.

 

Dormían en parques y comían lo que encontraban. Una noche la policía les pilló. Ellos, por supuesto; salieron corriendo. Corrieron y corrieron, se metieron por una calle y encontraron un pasadizo escondido en una esquina. Al ver ese pasadizo, se adentraron un poco asustados, pero luego se dieron cuenta de que en la pared de ese pasadizo había unas escaleras. Entonces empezaron a subir. Por fin llegaron arriba, pero no se imaginaron lo que iban a encontrar: un camino muy largo, largo pero largo, largo, largo. 

Comenzaron a caminar por él y llegaron a una montaña. En esa montaña había una cueva. La cueva no tenía mal aspecto; así que decidieron entrar. Al final de la cueva encontraron una puerta y comenzaron a tocarla, pero nadie les escuchó. El niño mayor abrió la puerta y pasaron. Ellos se encontraron con una cama. Por supuesto, la cama estaba sin sábanas como a ellos no les importó y se echaron a dormir. De pronto se abrió la puerta. Los niños se quedaron asustados porque ellos habían cerrado la puerta con seguro. Vieron las llaves prendidas en la puerta y en el suelo habían huellas manchadas como forma de charco. Ellos no veían a nadie puesto que la persona que abrió la puerta era invisible.

 

El hombre se vio que en su casa había inquilinos, claro a él no le gustó. Entonces comenzó a hablar con ellos, ellos le escuchaban. Se hicieron amigos. Entonces, él consiguió un trabajo que estaba bien para él aunque trabajar por la noche recogiendo basura no es nada del otro mundo. Después de hablar con él, los hermanos decidieron buscar un trabajo para conseguir dinero, ya que el hombre invisible les ofreció vivir con él en su humilde casita. Comenzaron a trabajar en el centro comercial, recogiendo papeles. Los tres se veían por la noche aunque, solo una o dos horas.

Un día salieron de paseo se los niños se acordaron de su madre y se echaron a llorar.

Pero luego el hombre invisible se puso triste, pues pensó que volvería a quedarse sólo. Los hicieron que se sintiera bien. Los tres se echaron a reír e hicieron un pacto para no separarse nunca.

 

VERÓNICA BRAVO

Written by Ana in: Rincón de Lengua | Tags:

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