Amar sin Prejuicios
RINCÓN DE LENGUA
AMAR SIN PREJUICIOS
Linda era una adolescente de 16 años que vivía por los bajos de Argüelles. Era de media altura, flaquilla, ojos grisáceos y pelo muy corto de color castaño oscuro.
Su hobby era ir a todos los partidos de fútbol de su equipo en casa; ya que era ultra del Real Madrid; también le gustaba salir de juerga con sus amigos, los “cabezas rapadas” y beber hasta altas horas de la madrugada.
Un día, en el que Linda y sus amigos, estuvieron bebiendo, salieron de “cacería”, con la tan mala suerte de que les pilló la policía. Todos echaron a correr, pero a Linda no le dio tiempo a huir y le cogió la policía. Pasó toda la noche en la “Grume”, y al día siguiente se celebró un juicio rápido, en el que la condenaron a seis meses de libertad vigilada, en los cuales tendría que asistir a un curso de cuatro días a la semana de dos horas, en el que le enseñarían habilidades sociales.
El primer día Linda entró en el curso con desgana y rabia. Entró en la clase y se sentó al final. Uno a uno fueron entrando los que iban a ser sus nuevos compañeros. Había de todo, rumanos, moros, sudamericanos, algún que otro español. Linda los estuvo mirando con rabia, asco y odio, ya que tenía muchos prejuicios con esa clase de personas. Se quedó al final de la clase callada, observándolos, pensando para sus adentros que aquello era peor que estar en un nido de cucarachas. Fueron pasando los días y Linda no se terminaba de integrar en el grupo. Se quedaba siempre callada, escuchando, observando, pero sin participar demasiado en la clase.
Hasta que un día llegó un compañero nuevo al grupo. Era un marroquí de unos 15 años, moreno de piel, ojos oscuros, pelo corto negro y muy guapete de cara. Se fue al final de la clase y se sentó en el único sitio libre que quedaba, justamente al lado de Linda. Ella se le quedó mirando con extrañeza, pero no le dio mucha más importancia. El profesor, les mandó una dinámica que tenían que hacer por parejas. A Linda le tocó con el nuevo. La dinámica consistía en hablar con su compañero e intentar conocerse más el uno al otro. El nuevo fue el que empezó a contarle cosas de él, le dijo que su nombre era Hansa, que vivía en Lavapiés pero que era de Casablanca, Marruecos, que de pequeño tuvo que venir a vivir a España, que tenía que hacer ese curso porque su asistente social se lo había mandado, que aquí vivía con sus hermanos, ya que sus padres estaban en Marruecos, y que desde pequeño ha estado viviendo en centros de acogida y reformatorios…
Linda al ver que era un chico muy simpático y abierto le inspiró confianza, entonces ella le empezó a contar cosas de su vida, y le contó el motivo por el que estaba allí. Fueron pasando los días y cada vez Hansa y Linda estaban más unidos. Linda cada vez conocía un poco más a Hansa e iba descubriendo sensaciones y valores nuevos. Sin darse cuenta, estaba poco a poco enamorándose de él. Linda mantenía ocultos sus sentimientos hacia Hansa, ya que iba totalmente en contra de su ideología y de sus principios. Un día Linda no lo pudo aguantar más y le contó a Hansa todos los sentimientos que sentía hacia él, al principio Hansa se quedó un poco sorprendido pero poco a poco él también le fue expresando lo que él sentía hacia ella. Desde entonces surgió una bonita historia de amor entre los dos y Linda se fue dando cuenta de lo tonta que había sido en el pasado, dejó de irse con sus antiguas amistades, y fue descubriendo otra clase de amigos y otra clase de valores.
LUCÍA SEGOVIA
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