10 Metros Bajo Tierra
Una droga se caracteriza por su aptitud para provocar el fenómeno del hábito y tolerancia, sobre todo de dependencia y el conjunto de síntomas físicos y psíquicos que aparecen en el síndrome de abstinencia.
Al margen del Canabis, heroína, cocaína, éxtasis y un largo etc…, también puede considerarse drogas el alcohol, el tabaco y ciertos medicamentos, especialmente los barbitúricos y ansiolíticos, porque producen idénticos fenómenos de dependencia.
Pero todo esto ya lo sabemos y estamos cansadas de oirlo, sobre todo las adolescentes, porque nos lo cuentan nuetras familias, nos aconsejan los profesores, pero sobre todo nos bombardean con anuncios de radio y televisión, donde nos enseñan a decir que ¡NO!
Pero a pesar de todo esto hay personas y cada vez son más jóvenes consumiéndolas, porque ahora se lleva la revolución de las tribunas urbanas, la ideología de encajar en un grupo social determinado y las malas influencias entre otras cosas están en pleno apogeo.
Todo tiene un principio y un final. El principio es cuando te ofrece un cigarro esa persona que dice ser tu “amiga”, después el porro y los botellones que tan amigablemente compartimos los fines de semana… Pero llega un momento en que los porros y el alcohol pasan a ser diarios y los fines de semana necesitamos drogas nuevas y con nuevos efectos, porque los anteriores se han quedado ya cortos, y así sucesivamente, ¡¡es como un círculo vicioso!!
El final de esta historia suele acabar a 10 metros bajo tierra, es realmente triste. El consumidor está bajo tantos efectos secundarios que no es muy consciente de lo que está pasando, pero realmente sus familias, amigos y personas que realmente les quieren sufre y gastan tanto económico como emocionalmente.
Preferimos seguir siendo esas chicas que no nos adaptamos a ningún grupo en especial y que a tantos modernos caemos mal.
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