Otra de las traducciones del “Vivamus mea lesbia atque amemus” de Catulo. Fijaos en cómo cambia respecto a las dos versiones ya vistas:
Vivamos, Lesbia mía, y amemos,
si los sabios reprueban nuestros actos
con excesivo escrúpulo, olvidémoslos.
Los astros se sumergen en el oeste
para luego retornar:
pero nosotros, cuando se extinga
la tenue luz de nuestras vidas,
dormiremos una noche eterna.
Dadme mil besos, y después cien,
mil besos más, y luego otros cien,
comienza de nuevo y completa mil con cien más,
cuando hayamos acumulado muchos miles,
revolvamos todo y perdamos la cuenta,
para que el malvado no pueda encantarnos,
cuando sepa de los besos que compartimos.
A continuación, la traducción de Cristobal de Castillejo, autor mirobirgense o rodericense (hala, a buscar gentilicios) de la primera fase del Renacimiento:
Dame, Amor, besos sin cuento,
asida de mis cabellos,
y mil y ciento tras ellos
y tras ellos mil y ciento,
y después
de muchos millares, tres;
y porque nadie lo sienta,
desbaratemos la cuenta
y contemos al revés.
¿Qué te aprece al traducción?, ¿acertada?

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